La esencia de la entrañable relación entre México y Cuba, según el presidente Miguel Díaz-Canel, se sintetiza en el título de una obra de teatro que presentó en estas tierras: Amor con amor se paga.
Hijo de una maestra y un disciplinado trabajador, el mandatario explica en entrevista exclusiva con La Jornada que la rabia estadunidense contra la isla proviene de su insaciable apetito colonial y del hecho de que, en 67 años de revolución, Washington no ha podido apoderarse de la nación caribeña.
Díaz-Canel detalla cómo han avanzado las pláticas entre Washington y La Habana en un marco de respeto a la soberanía y a los sistemas políticos de los dos países.
Emocionado, señala: “Para México, para el pueblo mexicano, para el gobierno mexicano, toda nuestra admiración, nuestro respeto, nuestro cariño y nuestro compromiso. Y en particular para Claudia, la presidenta mexicana que ha demostrado una firmeza de convicciones, una firmeza de principios, una valentía y una gallardía. ¡Gracias México! Mil veces gracias por estar siempre al lado de Cuba en los momentos más difíciles de nuestra nación”.
-Presidente, usted nació en 1960. Ya había triunfado la revolución. Ha vivido toda su vida bajo un bloqueo económico. ¿Qué hay de nuevo en el cerco de combustibles? ¿Cómo explicarle al mundo la rabia estadunidense en contra de la isla?
-Ha hecho una observación muy exacta. Nací en el año 60, en los primeros años de la revolución. Por coincidencias de fechas históricas, cumplí un año al otro día de la victoria de Playa Girón. Pero 80 por ciento de la población cubana nació después de la revolución. Por lo tanto, 80 por ciento ha vivido toda su vida bajo los designios del bloqueo. Mis hijos, nuestros hijos, han vivido bloqueados. Nuestros nietos ya nacieron bloqueados.
En esta rabia, en esta concepción hegemónica del bloqueo y del enfrentamiento de una potencia como Estados Unidos hacia Cuba, existen antecedentes históricos y momentos de contexto. Entre los antecedentes históricos, está claro que el anhelo de Estados Unidos siempre fue apoderarse de Cuba.
En cuanto a los elementos del contexto actual, primero debemos reconocer el debilitamiento del poder hegemónico que Estados Unidos ha ejercido sobre el mundo, debido a que aparecen potencias que defienden el multilateralismo y ofrecen otro tipo de relación para los países. Por otra parte, una crisis multidimensional del sistema capitalista siempre lo hace más agresivo y ultraconservador. Actúa de manera más irracional y fascista. Creo que estamos viviendo un resurgimiento del fascismo. Por lo tanto, esa actitud provoca que todo aquel que defienda su autodeterminación, que impulse un modelo distinto y no se deje aplastar por los designios imperiales, sea mal visto. Y a ese se le agrede de diferentes formas: con presión económica, política, diplomática y con intoxicación mediática.
Cuba ha vivido 67 años bloqueada. Sin embargo, en medio de ese cerco, ha logrado construir una sociedad justa. Una sociedad con unidad, convicciones y principios. Mucha gente cuestiona los temas económicos de Cuba, pero la economía cubana, sitiada, es la que ha podido sostener una enorme obra social. Esto ha generado un sentimiento de admiración y un reconocimiento a nuestra resistencia. Pero no es solo resistir, es una resistencia creativa. Resistiendo hemos sido capaces de construir, avanzar y desarrollar. Eso no les ha gustado a los imperiales.
En épocas muy recientes ese bloqueo se recrudeció. Esto comenzó con la primera etapa de la administración Trump, la cual aplicó más de 240 medidas contra Cuba en el segundo semestre de 2019, profundizando el cerco. Incluso nos incluyeron en una lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo, lo cual nos cortó todas las vías de financiamiento al país y nos llevó a una posición complejísima. Lo que vivimos es un proceso acumulado de los 67 años de bloqueo y su recrudecimiento. La administración Biden mantuvo esa política.
Con el recrudecimiento, comenzaron a cortar nuestras fuentes de energía, nuestras fuentes de ingresos en divisas y limitaron el turismo. Hubo una enorme presión sobre el ejercicio de las brigadas médicas cubanas. En medio de eso, enfrentamos la covid-19 y tuvimos que superarla con creatividad cubana, con vacunas cubanas, con tecnologías desarrolladas por Cuba. También hemos vivido el efecto de fenómenos naturales. Es decir, hemos vivido una crisis que ha impactado crudamente la realidad de nuestro pueblo y su vida cotidiana, originada por el bloqueo, la covid-19 y los fenómenos naturales.
Ahora llegan los sucesos de Venezuela. Lo que sucedió el 3 de enero en Venezuela es un parteaguas en el mundo. Demuestra cómo una potencia, desaforada por ejercer su hegemonía, secuestra a un presidente y lo extrae del país para armarle un juicio en Estados Unidos con mentiras, fabricaciones y calumnias. En medio de esa situación, limitan la entrada de combustible a Cuba. El 29 de enero se declara una orden ejecutiva, considerando a Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos. Es otra calumnia, otra construcción totalmente mentirosa.
Hace casi cuatro meses que no recibimos una gota de combustible. En medio de esa situación, es muy difícil desarrollar la economía y la vida de un pueblo. Pero el país resiste, funciona, sigue soñando, programando, y aspira a conquistar más justicia social para superar con determinación esta situación.
El acto más fallido de los gobiernos de Estados Unidos en estos 67 años de revolución es no haber podido apoderarse de Cuba. Eso provoca ira. Quiero identificar ese sentimiento con algo que explicó el general de ejército hace muchos años: cuando la revolución triunfa y comienza a desarrollar un grupo de medidas en función de la independencia, la soberanía y la justicia social, cuando aprueba la Ley de Reforma Agraria, se cruzó el Rubicón. A partir de ahí, nunca nos perdonaron que la revolución avanzara. Vino el bloqueo, las presiones de todos estos años, el recrudecimiento y toda esta historia que hemos repasado. Indudablemente ese fracaso ha provocado la ira.
-Usted es hijo de una maestra y de un trabajador de una cervecería. Es ingeniero. Ahora está al frente del Estado cubano. ¿Esa trayectoria personal sintetiza los cambios en la sociedad cubana a partir de la revolución?
-Aquí hay elementos familiares, como puede ser una familia típica cubana, que evolucionó en el transcurso de la revolución. De mi madre, tengo el ejemplo de una maestra consagrada. Siempre quiso ser maestra rural, trabajar con los niños de esa zona. Sentí un enorme orgullo por ella por eso. Me educó en valores, también en la decencia, en un comportamiento adecuado. Mi padre era un obrero que se levantaba todos los días a las 4 de la mañana para llegar temprano a su trabajo, que estaba fuera de Santa Clara. Siempre mantuvo una conducta rigurosa con nuestra educación.
En mi familia hay figuras como los abuelos. Un abuelo materno de origen español, laborioso, optimista, muy pobre antes de la revolución. Una abuela cariñosa por parte de padre, que también fue maestra, muy martiana. Me enseñó a creer en Martí. Tenía una prédica muy martiana. Sus regalos siempre eran libros. Me llevó a la lectura sistemática. Una tía, hija del poeta Navarro Luna, tuvo influencia en mi formación, incluso como militante comunista. Además, existía una armonía familiar y vecinal en la cuadra donde yo vivía en Santa Clara. Todo eso contribuyó a mi formación.
Uno ha crecido con los sentimientos del pueblo. Pude apreciar en mi niñez y en mi juventud los avances y las transformaciones de la revolución. Por tanto, me considero también un resultado de ese proceso de crecimiento. Tengo un enorme compromiso con que ese proceso continúe, que siga creciendo, aportando, que podamos superar esta etapa en que nuestros sueños se han detenido. Con toda sinceridad te lo digo: estoy dispuesto a actuar hasta las últimas consecuencias. Tengo un compromiso enorme con el pueblo cubano, con la revolución, su liderazgo y nuestra historia.
-Cuando habla sobre la crisis energética provocada por el estrangulamiento estadunidense, lo hace como ingeniero. Nos ha explicado cómo existe una crisis de un modelo de generación de energía, cómo dependen de las grandes termoeléctricas, pero cómo están cambiando ese patrón con la energía fotovoltaica. Sin embargo, la columna vertebral de la generación sigue siendo las termoeléctricas, que necesitan petróleo y Cuba produce solo 40 por ciento del crudo que requiere. ¿Qué harán para resolver ese problema?
-Una pregunta muy interesante. Nosotros no renunciamos a nuestro derecho, como cualquier país en el mundo, a recibir suministros de combustible. No cubrimos con la producción nacional toda la necesidad de la generación eléctrica. Además, hace falta combustible para otras actividades de la economía y de la vida del país. El bloqueo energético es, ante todo, una violación flagrante de nuestros derechos humanos como pueblo, y una violación del derecho internacional. Incluso, va en contra de la lógica capitalista. Ellos, que tanto hablan del libre comercio, del libre mercado, nos imponen un bloqueo energético que es criminal.
Aquí hay tres direcciones. Una es seguir desarrollando nuestra estrategia de transición energética hacia fuentes renovables, que no solo incluye la fotovoltaica e hidroeléctrica, sino otras nativas que estamos estudiando. También el uso de la biomasa en centrales que trabajan con ella, y el uso del biogás. Hay toda una estrategia en ese sentido.

